El imperio del “Me Vale Madre”.

 

San CJ nos cuide... Como en San Andreas

 

El día de hoy en camino al Suburbano, encontré una estampa que me dejó claro que como sociedad, los mexicanos valdremos madre muy, muy pronto.

Por una cuestión de mero orden elemental, en una calle aledaña a la estación Cuautitlán no dejan pasar a los taxis. Hay un policía de tránsito que desvía a los que quieren pasar y agiliza el tráfico con los demás. Hoy sin embargo, el policía estaba parado enfrente de un taxi, (con placas de particular), que estaba empeñado en pasar por donde no podía.

El policía le hacía señas y el tipo no entendía. Debido a que estorbaba, comencé a tocar el claxon. De pronto, en medio de la discusión, el policía se planta frente al taxi y se cruza de brazos. El taxista hace lo mismo…

Francamente exasperado, me moví para tomar una calle alterna, no sin antes bajar el vidrio y preguntarle al policía: “¿No lo vas a quitar?”, a lo que contestó molesto: “¿Qué hago, lo cargo?”.

Un-Fucking-believable!!!

Una autoridad mexicana aceptando abiertamente que no puede hacer nada contra un pendejiito huevudo que no quiere cumplir con la Ley.

El desprecio de los mexicanos por la Ley ha alcanzado niveles francamente ridículos. No existe Ley, Ordenamiento o Reglamento al que no le busquemos la manera de darle la vuelta y hacer lo que nos venga en gana. Desde cuestiones de tránsito, hasta temas verdaderamente criminales.

Y no, no se trata de un asunto de “Legitimidad de la Autoridad”, ya que por lo menos en el municipio donde vivo, no hubo una protesta por un supuesto fraude electoral, que pudiera dar elementos, (si bien ficticios y absurdos), a algunos inconformes para no respetar a la autoridad.

El problema va más allá: El mexicano se ha dado cuenta que a la autoridad le da miedo aplicar la Ley. ¿Cómo lo sabemos? Porque a diario vemos pruebas palpables de el valemadrismo de ambas partes: Puestos de piratería en los que compran los policías, gente que se mete en sentido contrario “para no dar tanta vuelta”, y políticos que paralizan por meses una avenida principal de la capital, afectando a comercios y ocasionando la pérdida de empleos, sin que la autoridad mueva un dedo, por temor a ser calificada de “Represora” o “Autoritaria”.

Gracias a este miedo, los mexicanos hemos desarrollado una maestría en quejas que ya quisieran muchas plañideras profesionales. Si nos llaman la atención por perturbar el órden público a altas horas de la madrugada nos quejamos de “no respetar nuestro derecho a la diversión”; si hay un retén en alguna carretera “Se vulnera la libertad de tránsito consagrada en la Constitución”.

Más grave aún, es la manía casi psicópata de la autoridad en turno por despreciar la Ley y favorecer de uno u otro modo a los que la vulneran desde el mismo Gobierno. Hacer esa lista sería largo y deprimente.

Rotas las reglas del pacto de Estado, (por ambas partes), no tardaremos mucho en caminar todos con una pistola entre nuestras prendas.
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Este post fue escrito mientras escuchaba: Bob Dylan – Tangled Up in Blue
via FoxyTunes

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